The British Museum: En su interior la antigüedad perdura

El Museo Británico posee las mejores colecciones mundiales de grabado, dibujo y piezas de la Edad Moderna y Edad de Hierro.

Entre las calles londinenses Great Russell Street y Montague Place se encuentra uno de los museos más prestigiosos a nivel mundial. Se trata del The British Museum cuyos inicios se remontan a 1753; año en el que el Parlamento Inglés se hizo cargo de todas las obras de arte, antigüedades, colecciones de historia natural y de una biblioteca, todas ellas, pertenecientes al médico y naturalista Sir Hans Sloane. Esta cesión viene precedida de la asignación de un Patronato con el fin de que las obras de arte fueran legadas a la nación. Además, de las colecciones de Sloane, adquirieron los manuscritos de la familia Harley y la Biblioteca Real cedida por el Rey Jorge II. Con todo ello, el Museo Británico ya tenía suficientes fondos artísticos para presentarlo al público por lo que el 15 de enero de 1759 abrió sus puertas las cuales no se cerraron en ningún momento salvo con los grandes acontecimientos que marcaron el siglo XX, las dos guerras mundiales.

Los fines de este Museo no fueron sólo artísticos sino que también había cabida para todas aquellas personas que tuvieran interés por los estudios de investigación y pedagogía. Estos podían ubicarse en una sala que tenía acceso a la biblioteca. La primera sala que abrió sus puertas fue la denominada “Sala para estudiantes”, en 1808.

A consecuencia del éxito que estaba teniendo The British Museum, los fondos económicos aumentaron al igual que los fondos artísticos por lo que Montague House, mansión del siglo diecisiete en el que se ubicaba el Museo, se quedó pequeño para la abundancia artística que poseía.

Alrededor de 1845 es cuando se replanteó la idea de crear un museo específico y gracias a la donación de Jorge IV de la biblioteca King’s Library a la nación, aceleró la construcción de un nuevo edificio para alojar el Museo.

A mano del arquitecto Sir Robert Smirke y Richard Westmacott se elevaba en el mismo lugar un sorprendente museo de carácter neoclásico. En 1852 se finalizaron las obras de la primera fase seguida de la sala de lectura cuya construcción termina en 1857.

Cabe citar que ésta última está caracterizada por, por un lado, la capacidad para albergar a cuatrocientos lectores dedicados a la investigación y, por otro, la cúpula circular.

En resumidas cuentas, el siglo diecinueve fue la época floreciente para el Museo puesto que tuvo lugar un aumento inesperado de visitantes de todas las edades y condiciones siempre con un acceso gratuito, la publicación de una serie de catálogos científicos y por último se impartieron una serie de conferencias y exposiciones por parte de los conservadores con el fin de darle un toque atractivo a dicho museo. Todo ello sin contar con la participación en excavaciones en el extranjero.

Era evidente que no todas las colecciones tuvieran el mismo interés. Un ejemplo claro son las colecciones del museo de historia natural las cuales fueron trasladadas en 1881 a un edificio de carácter gótica victoriana en South Kensington. Con el paso del tiempo dicho edificio se convirtió en el Museo de Historia Natural.

El siglo siguiente, siglo XX viene determinado por las constantes aperturas de nuevas instalaciones y servicios tales como la primera guía básica del museo que se publicó en 1903, puntos de venta que fueron incorporados en 1912, el primer guía conferenciante en 1911. Ya en la década de los setenta se instauró un servicio pedagógico y en 1973 se fundó la editorial del Museo entre otras cosas…

Antes de los inicios de la Primera Guerra Mundial, en 1914 se inauguró las galerías del Rey Eduardo VII. Posteriormente, en 1939 la galería de Duveen. Aún así, la carencia de espacio era el primer problema del Museo Británico por lo cual, en 1978 se construyó un nuevo ala que albergaba nuevas instalaciones.

En la segunda mitad del siglo se consolidó como una entidad independiente la Biblioteca Británica. Por ello en 1998 se reubicó a un edificio propio, St. Pancras y debido al espacio que había dejado el traslado de la biblioteca, en el año 2000, se construyó El Gran Atrio de la Reina Isabel II, última obra de la que se tiene constancia.

Arquitectura del edificio

El nuevo edificio creado por el arquitecto Sir Robert Smirke, está inspirado en el movimiento neoclásico. Richard Westmacott, por el contrario, fue quien esculpió la fachada del Museo. De carácter jónico está inspirado en el renacimiento arquitectónico del estilo griego en la Gran Bretaña.

Por otra parte, El Gran Atrio, plaza cubierta situada en el punto central de cualquier visita al Museo Británico, hasta que no se inauguró en el año 2000 no estuvo abierta al público. Con un tamaño semejante al de un campo de fútbol, dicho atrio es catalogado como una de las mayores plazas cubiertas de Europa, ya que está compuesta por acero y vidrio. Además, cuenta con unos paneles electrónicos de información, los denominados “What’s On” los cuales tienen la función de mantener informados de las actividades que se van realizando en las galerías del museo y en centro pedagógico Clore a los cuales se accede desde el ala sur del Atrio. Desde el entresuelo de éste se puede pasar a la galería de Joseph Hotung. En ellas se exhiben exposiciones especiales.

Por otro lado, bajo el vestíbulo se encuentra el Centro pedagógico Clore el cual ofrece diferentes servicios tales como congresos académicos, conciertos, jornadas de estudios, programa de conferencias, entre otros…

La colección

Las colecciones están ubicadas en las cien galerías que posee el Museo Británico mediante exposiciones semi-permanentes, ya que no puede tener todos los fondos artísticos en exhibición todo el tiempo. Un ejemplo claro son los grabados y dibujos que, por motivos de conservación, se muestran durante un período de tiempo. Por otro lado cabe mencionar que si estas obras se retiran puede ser también que se haga para tener una conservación especial o con el fin de prestarlos para otras exposiciones.

Se encuentran divididas en departamentos. Así pues, comenzamos por el de Etnografía que posee alrededor de 350 mil objetos representativos de las culturas de pueblos indígenas África, Asia, Oriente Medio, Europa Oriental, Oceanía y América. África Occidental, Norteamérica y México son, por el momento, las colecciones permanentes exhibidas en el Museo.

En la planta principal nos encontramos con una magnífica zona dedicada al arte de Oriente, en la que se incluyen los bajorrelieves de palacios asirios. En el piso superior contiene, además de elementos procedentes de Irán y Mesopotamia, el tesoro de Oxus, el cementerio real de Ur y hallazgos de Jericó.

El continente asiático también tiene cabida en el Museo, al igual que Egipto, Gracia y Roma, Gran Bretaña y Europa, Japón, etc. Así pues, mármoles del Partenón, colecciones de momias, “la Piedra de Rosetta”, Bronces de Benin, artefactos encontrados en el barco funerario de Sutton Hoo, la colección de obras de Alberto Durero, son algunas de las joyas que nos podemos encontrar en el Museo Británico.

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