Luces de Bohemia, de Ramón María del Valle-Inclán

Ramón María del Valle-Inclán nace el año 1866 en Villanueva de Arosa. Estudia la carrera de derecho, la cual abandona pronto para poder hacer la vida de aventurero que desea.

Se va a México y cuando regresa a España se instala en Madrid, donde lleva a cabo una vida bohemia. Esto, juntamente con la actividad artística que realiza, le aporta una fama que irá creciendo progresivamente. Se casa con Josefina Blanco en 1907 y tiene una hija. En 1916, Valle-Inclán colabora con los franceses en la guerra y trabaja para ellos. Al mismo tiempo, enseña en la cátedra de Estética en la escuela de Bellas Artes de Madrid. Pronto, abandonará este trabajo para centrarse por completo en la literatura. Se separa de su mujer en 1933 y su salud empeora. Después de ser nombrado por la República director de la Academia Española en Roma, se retira en Santiago de Compostela y fallece al fin, en el mes de enero de 1936.

La magnífica obra de Valle-Inclán, Luces de Bohemia, es una crítica feroz a la España de aquellos tiempos. Pero esta espléndida pieza teatral del autor gallego se ha llegado a convertir en mucho más que una crítica. El escritor retrata a los artistas y periodistas de la época, pertenecientes a la Generación del 98. Dicha generación pondrá de moda las tertulias literarias y culturales en los Cafés. De estos artistas destacan: Rubén Darío, Azorín, Unamuno, Benavente, Antonio y Manuel Machado, Alberto Insúa, Rafael Urbano y Pablo Ruiz Picasso, entre otros.

Esta obra de Valle es una gran descripción de la vida bohemia. Este tipo de vida se caracteriza por las costumbres no convencionales. Los bohemios, la mayoría artistas, huyen de las reglas sociales y tienen una conducta rebelde e inconformista. Muchos de éstos sufren por no tener cubiertas las necesidades básicas de la vida. De este modo, tienen frío, pasan hambre y muchas veces acaban durmiendo en bancos o Cafés. Y es que no les daba mucho dinero el poco trabajo artístico que les surgía. Éste es el caso de Max Estrella, protagonista de la obra. No obstante había dos tipos de bohemio: el que lo era por necesidad y el que lo era, nunca más bien dicho, por amor al arte.

El autor define lo que es el esperpento mediante la escena XII, en la que el protagonista, Max Estrella explica su significado.

La trama de este libro se ha comparado a menudo con La Divina Comedia de Dante. Así, a través de Luces de Bohemia, realizamos un dantesco viaje: la peregrinación de Max Estrella, guiado por don Latino Hispalis. Visitarán, pues, distintos sitios madrileños: librerías, bares, tabernas, lugares de erotismo… Una exhaustiva ruta, hasta verle morir en un rincón oscuro de su propio hogar. El protagonista es consciente de su viaje al “infierno”. De este modo, Max Estrella comentará: “Latino, sácame de este círculo infernal”. Algo semejante transcurre en La Divina Comedia, realizada entre 1306 y 1321. Ésta explica el viaje de Dante, guiado por Virgilio, al infierno. Está dividido en diferentes partes: el infierno, el purgatorio y el paraíso.

Según el escritor Ramón María del Valle-Inclán su manera de escribir se explica a través de la siguiente filosofía: hay tres formas de ver a los personajes. Con la primera, de rodillas, ensalzas a los personajes a la categoría de héroes, que es el caso de Homero. Con la segunda, miras a los personajes de tú a tú, con igualdad. La tercera es la escogida por Valle y se basa en ver a los personajes desde la postura de superioridad, desde arriba. Así, uno no se identifica con ellos, los cuales son vistos como títeres, cosas o animales y no como personajes. Y es que viéndolos desde arriba, no llegarán ni a la categoría de personas.

Esta animalización y cosificación de los personajes la observamos muy a menudo en Luces de Bohemia. De este modo, un buen ejemplo de animalización es la figura de Don Latino. Esto lo vemos claramente en la escena VIII donde Max Estrella comenta que su perro le está esperando en la puerta y afirma: “Don Latino de Hispalis: mi perro”. Aquí, como en muchos otros fragmentos de la obra, nos damos cuenta del desencanto y la amargura que conlleva lo esperpéntico. Siguiendo con este tema, cabe destacar la escena II, en la que las personas vuelven a ser tratadas como animales. Así, destacaremos la frase: “en la cueva hacen tertulia el gato, el loro, el can y el librero”. Después de esta frase hallamos la traducción onomatopéyica de los tres animalitos citados: “¡fu!, ¡guau!, ¡viva España!”. En cuanto a la cosificación, se designa constantemente a las personas como sombras o bultos. Ejemplo de ello es la frase: “Máximo Estrella y Don Latino de Hispalis, sombras en las sombras de un rincón”.

En esta obra, llena de citas literarias, detrás de cada personaje hallamos algún artista de la época de Valle. Así, Zaratustra representa el librero y editor Gregorio Pueyo, Don Peregrino Gay sería Ciro Bayo y Soulinake Ernesto Bark. Pero el más relevante es Max Estrella, que representa Alejandro Sawa. Tanto Estrella como Sawa eran escritores andaluces, que se acabaron instalando en Madrid. Valle-Inclán quedó impactado por la muerte de Sawa en 1909, el cual llevó una vida completamente bohemia, eternamente divorciado de la sociedad. La obra de este escritor, que perteneció a una generación un poco anterior a la del 98, no es muy extensa: La Mujer de Todo el Mundo (1885), Crimen Legal (1886) y Moche (1889). Según Valle: “Sawa tuvo el final de un rey de tragedia: loco, ciego y furioso”. Pero en la obra, es precisamente el ciego el único que ve la realidad de la vida española. Así, Estrella comenta: “deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España”.

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